Los orígenes de las relaciones diplomáticas son tan antiguos como la historia de las propias sociedades humanas. A medida que estas se fueron configurando como unidades políticas autónomas, surgió la necesidad de relacionarse y comunicarse con aquellas que les circundaban. Evidentemente, la diplomacia actual presenta sustanciales diferencias de aquellas “prácticas diplomáticas” sustentadas por las comunidades primitivas. Sin embargo, hoy, como ayer, las relaciones diplomáticas forman, junto con la guerra, el comercio y la comunicación, el sustrato esencial de una sociedad internacional cuyo entramado de relaciones y actores ha experimentado una constante y creciente complejidad a lo largo de la historia.

Se suele citar a Venecia como la instauradora de la diplomacia moderna de carácter permanente, con el establecimiento de misiones en Roma y Constantinopla.

Actualmente, las relaciones con el cuerpo diplomático se basan, cómo cualquier otra relación profesional, en el respeto, calidad del servicio, seriedad, así cómo el cumplimiento de la palabra y los plazos.

En las relaciones con el cuerpo diplomático habría que añadirle varios puntos clave:

Conocer las “intercultural skills” del país dónde se resida el diplomático y de su país de origen, ya que las costumbres son un punto muy importante a tener en cuenta a la hora de relacionarse. Igualmente a la hora de prestar un servicio o cerrar un negocio, hay que tener en cuenta los usos, costumbres, modos de cerrar un negocio, cómo interpretar un gesto, cómo son los protocolos de actuación frente a diferentes situaciones…

Saber relacionarse en al menos dos idiomas, ya que el personal del cuerpo diplomático sabe manejarse en dos idiomas, además de la lengua nativa. Es importante establecer una única lengua para mantener la relación profesional, ya que así, tendremos una lengua de referencia, aunque podamos mezclarla ocasionalmente con otra.

Saber negociar. La negociación constituye el medio esencial por el que discurre la actividad diplomática. Gracias a ella, la diplomacia se singulariza de otras formas de relación internacional. En efecto, cuando no hay negociación, entendiendo por tal la defensa de los propios intereses mediante la búsqueda de un compromiso o acuerdo aceptable para todas las partes afectadas, tampoco puede hablarse verdaderamente de diplomacia, aunque formalmente pudiera aparentarlo.

La naturaleza negociadora de la diplomacia, pone de manifiesto el carácter cooperativo que posee esta relación, pues no puede desarrollarse ningún tipo de negociación si las partes afectadas no están dispuestas a colaborar, al menos en lo tocante a la búsqueda de algún tipo de compromiso y a su posterior cumplimiento.

Comunicación y compromiso: La función comunicativa resulta decisiva para el desarrollo de los procesos negociadores. Estar al tanto de la actualidad política y económica del país donde reside tu cliente diplomático, es importante a la hora de establecer una relación más estrecha,.
El compromiso es otro de los factores importantes a la hora de establecer una relación profesional con un diplomático, ya que cumplir la palabra dada es de vital importancia a lo largo de toda la relación profesional. A este se suma el rigor en el cumplimiento de los plazos establecidos en la relación contractual.

El profesional comprometido es aquel que realiza su trabajo pensando en el beneficio de su cliente.

 

Beatriz Louzao
Formadora en Negociación
Entusiasta del continuo aprendizaje en temas de Negociación Nacional e Internacional
Experta en Negociación en Retail
beatrizlouzao@getplus.es